domingo, 7 de junio de 2026

Y llegó junio

De nuevo los vencejos, alborotados, insomnes, sobrevuelan las torres donde vivo, serán los mismos, o no, que hace años temblaban al presagiar la muerte, arden las pérdidas leía en Gamoneda, anunciando un verano arrasado. Desde su vuelo, hoy en día, tantos y tantos días transcurridos, monto relatos sobre polaroids desvaídas de los años 70, no era nadie en aquel entonces para vosotros, a lo sumo una molestia, a lo sumo alguien a quién enrabietar, tan sencillo era. Y me doy cuenta de que estos días, precisamente estos días, aparecéis menos en mis sueños, debe ser porque fantaseo despierta con el hecho de hallaros a mi altura, no en vano y en breve tendré 10 años más de los que tendríais vosotros de no haber tenido el capricho y el mal gusto de morir. Y reconozco que mi entonación sería, quizás, engolada, mostrando mi yo de hoy y mi amor propio de señora enseñorada, pero hasta aquí mi propio orgullo, no duraría la vanidad ni 10 segundos, nunca pude mantenerla a flote con vosotros, la impostura, digo. Vuestra respuesta, para colmo: siempre jóvenes, siempre una sonrisa a la altura y esa belleza del que quedó sosegado en un gesto final en la mejor fotografía que enmarcar. Y yo aquí, siguiendo las señales y vosotros, olvidados de vosotros mismos, lotófagos míos, qué ha debido suceder para que no retornéis, ni siquiera un instante, una respiración, una pequeña imposibilidad. El caso es que os busco y ya no os encuentro en ninguno de nosotros. Un retazo fugaz, como mucho en vuestros descendientes, así de demoledor y voraz resultó ser el tiempo. Y ahora vuelvo a cantar, cantaros, en mis trayectos, llevo semanas, a voz en grito y ya sin lágrimas, Sabina, Ana Belén, Aute y Silvio, el disco del y la Morente, Sinatra en bucle, Bach, el Requiem, el que sea, pero Mozart, siempre Mozart, Suzy Cuatro, Crosby Still& Nash, Carole King, Elton John, Elvis Presley, la Piquer, Oh mami blue, si yo tuviera una escoba y el dueto de la flores, el que más juego me da y menos mal que voy sola. Y solo míos, la Leyenda del tiempo de Camarón y Lhasa de Sela y su Llorona y desierto – murió al poco que el último de vosotros, todo era muerte, parecía- Y volver a las películas con J estos días, siempre el cómplice de los duelos y su sana sanita cura de rana, películas tontas o no tanto de los 80-90, y el sofá verde donde no cabíamos todos. A codazos y a regañadientes parece acogernos de nuevo.

Sopeso, con un pie en la vida y otro en el recuerdo y siguen ardiendo las pérdidas, pero vibra el empuje, la necesidad de atender la existencia. Van llegando los  nuevos, tan inocentes y ensimismados en el mundo, bastante tienen.

La vida, esa pequeña zorra demandante, que traiciona y embruja. La adicción a esa paradoja. Pero vosotros siempre ahí ¿contemplándome desde lo inalcanzable?

Y los rescoldos cuando os pienso. Y el dictado de mi voz, como cada año.

Os sigo echando de menos. Tanto a veces.






sábado, 23 de mayo de 2026

Y llegará junio

No hay locura de los animales de este mundo que no quede infinitamente superada por la locura de los hombres. Melville, Moby-Dick

Se acerca junio, ese mes donde todo parece suceder, los réquiems, cumpleaños de muchos y el mío, la llegada de nuestros peces plateados, excursionistas veraniegos con la capacidad de disipar nieblas, a cuestas con la estética y el abrazo, la Feria del Libro como ritual donde extraviar, desalojar lo cotidiano y volver a la glotonería más infantil. Aquella niña siempre frugal, mala comedora, indiferente al dulce, pero adicta al amor de los suyos y al gesto de su atención. El arabesco: de ahí las letras que lamían las heridas y ocultaban el miedo, quizás el temor a no ser querida, nunca lo suficiente.

Desde hace unas noches salimos a buscar una pareja de autillos, canto que escuchamos después de cenar, jugando al despiste. Camuflados en jardines con álamos cincuentones en la colonia donde vivimos, este año han decidido anidar aquí y jugar al tris tras, ni me ves ni me verás. Alguna noche nos darán el alto, sospechosos, merodeadores silenciosos, prismáticos al cuello. Y deseo tanto verlos, no sé si por ganar su juego al despiste o el asombro de encontrarme con una mirada salvaje en este entorno urbano. Desear gritar ante ese latido hecho de plumas que nos rehúye y el milagro de su existencia salvaje, aquí al lado.

Y haber leído Moby Dick, esa gesta – otra gesta es leerla, que también- que yo imaginaba pelín ajena, de nuevo otro señor ganándose el cielo de la literatura, ya sabéis, ese mundo nunca compartido, o eso creímos, para acabar descubriendo la fuerza de la obsesión, la locura, la ternura, la fragilidad y todo un universo en extinción. Quién tiene ancla, durante siglos se habló solo de la de ellos, ahora sabemos, por fin, que fue la de todos. Cómo hacernos perdonar, ser conscientes sin más, de la soberbia, la vanidad, la intemperie, la vida al cabo y sus sombras. A nada le falta ni sobra misterio, los hados nos libren de la ballena blanca, algo parecido cantaban unos versos de Olga Orozco, ¿Quién no lleva en la punta de su arpón una ballena blanca? Quién no desea el consuelo, quién no la batalla, sabiendo que no existe forma de ganarla. Quién no perdió el paso, quién no se enfrentó al tuétano del miedo, quién, si no el inescrutable Ahad, nos demostró la sencillez de como los hechos de un loco pueden arrastrarnos y hacernos olvidar que el poder y la seducción no son reales. Empujan con violencia y hay poco más. Qué de actualidad y no la buscaba.

Nadie podrá devolverme el tiempo, ¿lo desearía de veras?, pero nada podrá quitarme el bálsamo, cada vez más presente, de leer y reconocer el recorrido humano que corresponde al mío y al de todos, fuera de etiquetas de género, de tiempo y singularidad. Cómo obviar el placer de la única certeza que he llegado a alcanzar, como un esplendor, con la naturalidad de quien contempla un escarabajo, la sonrisa de Paulina al mostrarme una hormiga, la belleza del aire cuando despeina a Jorge. Pero también el dolor, la incertidumbre, la arrogancia, el ardor y los fardos de ignorancia. La imposibilidad de respuestas.

Pero la gratitud, cada vez más presente, y un corazón calmado, mirándose de frente.



Imagen de Joel Meyerowitz


miércoles, 18 de febrero de 2026

Escaparate. Pedagogía de la modernidad

 I ha aparecido más de una vez por este trajín del contar que me traigo de allá para cuando. Ese pez plateado que aparece y salta al otro lado del océano, de la Habana (Chicago) ha venido un barco (avión) cargado de.

Recién estrenado Premio de Ensayo del Ayuntamiento de Málaga, editado por Páginas de Espuma. El libro, SU libro: Escaparate. Pedagogía de la Modernidad.

Allí estaremos, compartiendo con él alegría y un íntimo orgullo. Siempre fue saber leer y ahora, un paso más.