De nuevo los vencejos, alborotados, insomnes, sobrevuelan las torres donde vivo, serán los mismos, o no, que hace años temblaban al presagiar la muerte, arden las pérdidas leía en Gamoneda, anunciando un verano arrasado. Desde su vuelo, hoy en día, tantos y tantos días transcurridos, monto relatos sobre polaroids desvaídas de los años 70, no era nadie en aquel entonces para vosotros, a lo sumo una molestia, a lo sumo alguien a quién enrabietar, tan sencillo era. Y me doy cuenta de que estos días, precisamente estos días, aparecéis menos en mis sueños, debe ser porque fantaseo despierta con el hecho de hallaros a mi altura, no en vano y en breve tendré 10 años más de los que tendríais vosotros de no haber tenido el capricho y el mal gusto de morir. Y reconozco que mi entonación sería, quizás, engolada, mostrando mi yo de hoy y mi amor propio de señora enseñorada, pero hasta aquí mi propio orgullo, no duraría la vanidad ni 10 segundos, nunca pude mantenerla a flote con vosotros, la impostura, digo. Vuestra respuesta, para colmo: siempre jóvenes, siempre una sonrisa a la altura y esa belleza del que quedó sosegado en un gesto final en la mejor fotografía que enmarcar. Y yo aquí, siguiendo las señales y vosotros, olvidados de vosotros mismos, lotófagos míos, qué ha debido suceder para que no retornéis, ni siquiera un instante, una respiración, una pequeña imposibilidad. El caso es que os busco y ya no os encuentro en ninguno de nosotros. Un retazo fugaz, como mucho en vuestros descendientes, así de demoledor y voraz resultó ser el tiempo. Y ahora vuelvo a cantar, cantaros, en mis trayectos, llevo semanas, a voz en grito y ya sin lágrimas, Sabina, Ana Belén, Aute y Silvio, el disco del y la Morente, Sinatra en bucle, Bach, el Requiem, el que sea, pero Mozart, siempre Mozart, Suzy Cuatro, Crosby Still& Nash, Carole King, Elton John, Elvis Presley, la Piquer, Oh mami blue, si yo tuviera una escoba y el dueto de la flores, el que más juego me da y menos mal que voy sola. Y solo míos, la Leyenda del tiempo de Camarón y Lhasa de Sela y su Llorona y desierto – murió al poco que el último de vosotros, todo era muerte, parecía- Y volver a las películas con J estos días, siempre el cómplice de los duelos y su sana sanita cura de rana, películas tontas o no tanto de los 80-90, y el sofá verde donde no cabíamos todos. A codazos y a regañadientes parece acogernos de nuevo.
Sopeso, con un pie en la vida y otro en el recuerdo y siguen
ardiendo las pérdidas, pero vibra el empuje, la necesidad de atender la
existencia. Van llegando los nuevos, tan
inocentes y ensimismados en el mundo, bastante tienen.
La vida, esa pequeña zorra demandante, que traiciona y
embruja. La adicción a esa paradoja. Pero vosotros siempre ahí ¿contemplándome
desde lo inalcanzable?
Y los rescoldos cuando os pienso. Y el dictado de mi voz,
como cada año.
Os sigo echando de menos. Tanto a veces.

