lunes, 26 de enero de 2026

Doquier/doquiera

Tierra adentro, el amor bien entendido parecía poco más que respetar otros mundos. Pero fueron capaces de ir aún más lejos, creen. Las escaleras juguetean con un par de incautos que, a pesar del tiempo, confían en el asilo de uno hacia el otro.

Nos creció el espacio y no sólo el tiempo. La gratitud al conseguirlo, también.

Mayores de edad, quién lo diría.

¡Viva el repentismo! ¡Por Sanjorge y todos los astros! ¿Bailamos, darling?



miércoles, 31 de diciembre de 2025

En un instante

Escribir es una cuestión de trance. Como leer, pero más intensa. Por eso lo echo tanto de menos. Dónde colocar la necesidad. Ya me gustaría saberlo y convencerme.

Tengo gatos tan domesticados, perdidos en un mundo que no es el suyo, que ante una polilla acechando distraen su atención buscando mi caricia antes que la caza. A veces me pregunto qué hacemos como especie en relación con otras. Si las leyes del universo no nos harán pagar por esta infamia.

Qué hacer con los abismos, las grietas que descubres, que te separan de los otros, sobre todo de aquellos que creías cercanos. Ese sentimiento de desconcierto capaz de llevarte a un “no te reconozco” cuando antes estabas plenamente convencida de hacerlo. Creo que con los años he aprendido a encajarlo, a que la perdida no sea tanto hacia mí misma, mi error de cálculo, sino a aceptar que la vida de cada cual arrastra y lleva a otros caminos. Y a estas alturas me asomo a los abismos más con curiosidad que con dolor. Bien por mí, pequeña ingenua, ya que no cesan.

¿Todo será una cuestión de tiempo? Coincidir en el tiempo, en el ritmo, en la pausa. Y cada vez cuesta más o eso parece. Nunca fue la distancia, siempre fue el tiempo. ¿O lo que antes fue distancia, ahora se convierte en tiempo? Será esta la diferencia al cumplir años. La perspectiva cambia, no hay tiempo que perder y la percepción de su transcurso es más acuciante.

Existe una palabra en alemán, Gemütlich, que significa algo así como calidez y bienestar, acogedor, referido al espacio que nos rodea. Ese idioma capaz de definir con exactitud una sensación difusa. Busco en la vida las excusas necesarias para hacer de ella ese lugar cálido y olvidar lo que tiene de desatenta e insulsa. Y a veces es tanto que cómo no recordárselo y hacer el esfuerzo diario. Gemütlich, susurro.

Nunca tanto significó tan menos. Se me ocurre viendo los estrenos de películas semanales o parándome delante de las novedades literarias. Una gula desproporcionada incluso con respecto a nuestros deseos.  La sensación, cada vez más, de pertenecer a una especie voraz y descontrolada.  Si no estuviera convencida de la falta de finalidad en la evolución más allá de la supervivencia a ciegas del sistema natural, diría que sea trata de una venganza calculada. Y profundamente irónica.

Sigo releyendo los cuadernos de Carmen Martín Gaite. Debe ser la edad, la mía y la suya al escribirlos, la coincidencia que salta en el entendimiento mutuo: Aprender a convertir las derrotas en literatura, escribe. Las fracturas, le digo, quien pudiera convertirlas siempre. Leyendo del personaje que la autora férreamente construye tras la muerte de su hija, se me ocurre:  personajes ¿y quién no? Y lo que no deja de ser más humano: ¿cómo no?

También he leído este tiempo a Elena Garro, la autora mexicana, bellísima, ex de Octavio Paz y a la gresca ambos durante muchos años. Su vida me parece de una tristeza infinita y tan a los pies del malentendido -y si la vida no fuera más que eso, un malentendido, escribía el pintor Barceló, y se me quedó grabado como certeza, de las pocas en las que podría llegar a creer- que para muchos de sus contemporáneos se quedó para siempre como la loca de Garro. Y ya sabemos de esa etiqueta, a veces, muchas veces, utilizada para señalar a los incómodos o a los de pensamiento original, que no loco. O qué sería loco y qué no. En cualquier caso, su vida pudiera parecerme trágica, pero no así su escritura: lúcida, con una tecla acierta la descripción y maestría y qué salvaje todo, que de este lado y el otro, qué del prisma de la existencia. Mi hermanita Magdalena, una delicia, algo descabalada la trama, eso sí, y ni siquiera es considerado su mejor libro, a los que iré llegando: “Para saber por vez primera que la vida no era espejo límpido en el cual nos deslizábamos iguales reflejos apacibles, sino un laberinto oscuro poblado de acechanza que no podíamos prevenir. Recuerdo con temor esa tristeza súbita y desconocida”. Y por mi parte no tener tan acertada descripción de ese momento en el que uno fue consciente de crecer de golpe, de conocer una tristeza súbita y nunca antes sentida.

Y no olvidar hablar de Kairós, mi mejor lectura del año 2025. Cronos, el tiempo estático, la historia, y Kairós, el tiempo instante, la oportunidad y su flequillo, puff  si lo trasladas al momento en el que la Alemania del este es engullida por su equivalente occidental. Gracias, Jenny Erpenbeck. O de las risas que nos traemos estos días con las listas de los mejores libros, películas, álbumes de los últimos 25 o 50 años, según el diario. Los bufidos que escucho en casa: “no puede ser, pero ¿están locos? “o los que yo misma lanzo: “decididamente están locos”, pero qué buenos ratos para despotricar con o sin razón, qué más dará.  Y para darnos la razón uno al otro y besarnos al final de los bufidos, encantados de habernos encontrado, tan acordes nuestros gustos. O, al menos, nuestras fobias. Y el resto, ojos pipa, intranquilidad y temores, pero también alegría de haber llegado a esta escapada sin los rasguños que creíamos. Aplicaciones que nos vuelven a perder, en la rotonda… y se calla, el muy puñetero, sin continuar la indicación, como la vida y su falta de instrucciones, a ver si en lugar de un navegador el mío es oráculo y de mala intención. Y que J vuelva a viajar lo antes posible. Y que yo me quede como estoy, sin virgencitas innecesarias. Y que los propósitos de año nuevo sean más despropósitos, porque lo dice J y basta. Y que mi gente, esos peces plateados, sigan ahí, unos siempre en relación conmigo y ellos o viceversa, y ser consciente de la suerte y el buen vivir.

Y en el 2026 más y sus regalos. Que los hay, gracias I.

Y ya. Y la vida y demás y de dentro. Feliz estreno tengan ustedes.





sábado, 16 de agosto de 2025

A veces, un detalle

Leo a Umbral, Diario de un escritor burgués, a leer en tándem con Mortal y rosa según los entendidos, y ya he hablado de mi querencia por ese libro. Leer a Umbral es verano, es una prosa fértil y libre. Umbral escribe como quien conversa contigo, pero con el tono y el estilo de esos extraños conversadores, ¡hay tan pocos!, que piensan y pausan antes de hablar, sin perder de vista la luminosidad de su pensamiento y la palabra suelta y vivaz. Bendito Umbral, salvador de días calurosos y solitarios. Es un placer deambular por sus espacios y sus ideas. No es necesario estar de acuerdo con ellas, no siempre lo estoy, pero qué placer que el juicio quede anulado por la facilidad de la lectura y la admiración de cómo conseguirlo.

Mañana llega J y otro año, creo que ¿el quinto? En el que no ordenaré mi biblioteca, con algún orden, el que sea, el necesario para que pueda encontrar algún libro cuando lo recuerdo o pienso en él. Hay un capítulo en la serie de Lo que hacemos en la sombra -una serie sobre vampiros que muestran ser tan desastres y frágiles como nosotros, los mortales- en el que Laszlo, el vampiro filósofo, reflexivo, pero también lascivo del grupo, lleva varias semanas ensimismado y sin hablar, preocupando al resto, algo inusual en él. Tras algunos capítulos se descubre que anda, tras siglos y de nuevo, enfrascado en la tarea de encontrar una ordenación adecuada y perfecta para su biblioteca. De ahí su silencio caviloso. La carcajada que solté cuando se descubre es sólo similar a la desesperación conmigo misma por mi incapacidad. Y por mi pereza, porqué no confesarlo. En fin, otro año buscando el libro que finalmente aparecerá cuando busque otro y ya no sirva de mucho.

En estos días, no he cumplido ninguna de las tareas que me había propuesto. Debería mostrarme implacable conmigo misma, pero para qué. Lo de la paz mental, también para otro verano. Hoy R me comenta, en una de nuestras mañanas surrealistas -una más, después de tantos y tantos años y siempre tan divertidas y nuestras, ¿Cómo explicarlo? - que en el fondo deberíamos sentirnos agradecidas por haber nacido en la horquilla de tiempo histórico que nos tocó. Y asiento, visto lo visto y lo que nos acecha. Con ella siempre hay algo de luz, pero desde la realidad, la valentía de mirar de frente y no engañarnos. Quién podría, la existencia marca a quien, y a quién no se le permite, por lo que sea. Como siempre, debería estar satisfecha conmigo misma, no por mí, sino por saber elegir quién está ahí, conmigo. Pedazo de don me dio el hada madrina. Cuentos o no cuentos, otro verano que se confirma.

Pararme aquí y celebrar este verano.  El orden no es siempre el esperado y qué más dará.

Y mañana llegarás, la casa y mi pensamiento desordenado. Lo justo para cambiar el mundo, aunque sea a ratos.  Aunque sólo sea el momento en el que te vea entrar, agotado, por la puerta. Y todo de nuevo, otra vez.