martes, 13 de marzo de 2012

Pulgares tenemos todos y migas también

Existen algunos rincones en mi ciudad donde me gusta perderme. Quiero pensar que al perderme llevo a cabo un acto donde me escondo de casi todos, en el que uno se comporta un poco como si ocultara a hurtadillas pelusas bajo las alfombras o los restos de algún vaso roto antes de ser reprendido por su rotura. Los sábados por la mañana son un poco así, algunos domingos de sol y por supuesto, cuando mejor saben, esos días tan escasos arañados a la vida laboral.










Si la propuesta del día es visitar exposiciones, me gusta caminar Recoletos arriba y entrar en la Fundación Mapfre. Otra sala que nunca me decepciona es la Juan March, aunque sea imprescindible coger el metro y se pierda el placer del paseo. Las dos son gratuitas y la mayor parte de las veces con escaso público, salvo que se trate de obras impresionistas (¡cómo disfruta la gente del impresionismo!) o exposiciones nombradas en cualquier suplemento cultural del fin de semana. En estos casos lo mejor es cambiar de planes, es complicado contemplar aquello que deseamos si a su vez intentan hacerlo contigo otras cinco o seis personas, de cháchara continua y apresurándote con educación. Lo reconozco, soy egoísta visual y no puedo hacer nada contra ello. Me acepto tal y como soy en este caso y prefiero dar media vuelta a ver sin disfrutar viendo.





Vamos a la exposición de Lewis Hine antes de que se publique en alguna guía del viernes, así que paseamos tranquilamente entre sus fotografías. Seguro que conoceréis alguna de sus imágenes, trabajadores sobre el Empire State, pero Hine realizó muchas más. Es uno de esos tipos que consiguen hacerme pensar que los seres humanos tienen una cara amable y necesaria para la existencia del resto. No sé si imprescindibles porque siempre dudé de que alguien lo fuera, pero sí, me reconcilian con mi especie y eso es muy de agradecer estos días, cuando tiendo más bien a lo contrario. Su mirada eligió posarse sobre los más desfavorecidos de la América de principios del S.XX y con una sencilla cámara de fuelle se pasaba los días retratando a los emigrantes recién llegados al paraíso, en la Isla de Ellis, donde ese paraíso afilaba sus uñas, nada de manicuras delicadas y sí excesiva miseria. Más adelante pasó a formar parte de varias asociaciones progresistas que luchaban por mejorar las condiciones laborales y sociales. De esta forma documentó el trabajo infantil y las duras condiciones que los niños soportaban. Años después visitó los campos de Europa tras la Primera Guerra Mundial e hizo llegar las imágenes que mostraban las consecuencias de una guerra.




Su fotografía es pues documental y su pretensión era la toma de conciencia de unos hechos que si no se ven no es porque no existan y bastaría con mostrarlos. Bendita ingenuidad, ahora tenemos exceso de muestras pero nadie se detiene en el recuento de fallos. No dudo de que la historia se repita pero lo suele hacer con alguna vuelta de tuerca más. Anclados a la perversidad, de creer en algún sino -que no- sería este el único real.




A finales de los 30 su trabajo dejó de parecer interesante y en los últimos años tuvo que sobrevivir gracias a la beneficencia. No dudo que en los años anteriores a la II Guerra se trataría de un personaje difícil y todo tiene su precio. Los aguafiestas resultan incómodos.




Y descubro que Walker Evans, uno de mis fotógrafos preferidos, debe mucho a su trabajo. Y a pesar de que Evans trabajara un poco después, ambos fueron acusados de lo mismo: de imprimir cierta sentimentalidad a sus retratos, de tomar partido por lo fotografiado y saltarse la distancia del artista. De ejercer propaganda y “empeorar” el ambiente de sus retratados. Y es que debe ser que la representación de la pobreza ha de ser más aséptica, la miseria ya mancha por sí misma y da repelús. Será por eso, digo yo.



Lo que expreso incesantemente desprende una pureza, un rigor, una simplicidad, una inmediatez, una claridad, que se obtiene por la ausencia de pretensión al arte. En una conciencia aguda del mundo.




Lewis Hine.






21 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Los aguafiestas suelen decir la verdad.
Pero claro, nadie quiere oírla.

Me han gustado todas las fotos.

Besos.

El Joven llamado Cuervo dijo...

Qué maravillosa forma de decirlo. Tan real eso de que a algunos les causa sarpullido que se muestre la miseria con la que conviven. Eso, siempre me parece algo loable de cierto arte.
un abrazo.

Licantropunk dijo...

¡Es que el impresionismo es impresionante, of course! Por cierto, no sabía yo que las guías del viernes fueran tan peligrosas... je, je. Esa exposición de fotografías tiene una pinta buenísima pero desde Salamanca... ni viernes ni sábado. Aunque igual cae por aquí, que en este terruño tormesino tampoco nos podemos quejar demasiado.
Saludos.

Marga dijo...

Toro, sí, de aguafiestas tú sabes mucho, me da, esto, no sé, tú dirás... jajaja.
Me alegro que te gusten, ea.
Un besote!

Joven Cuervo, sí, existe cierto tipo de Arte en el que el compromiso no está reñido con la belleza. Un debate complicado siempre fue...

Licantropunk, lo de los viernes puede sonar a coña pero ese día nos dejamos pendiente otra exposición en Mapfre (de Odilon Redon, un pintor que me sorprendió, ya contaré por aquí) y volvimos el finde siguiente. El viernes habían publicado la de Hine en la guía de El País y no veas la cola que nos tocó esperar para entrar al edificio... y las salas de Redon estaban vacías. Si es que somos demasiados en este mundo, siempre digo, jeje.

Y eso, no te quejes en exceso que Salamanca no está nada mal en cuanto a eventos culturales... Pero si va, no dejes de visitarla, me da que te gustaría.

Saludos!

El peletero dijo...

Mi hermano fue a ver la exposición este fin de semana y como a usted le gustó mucho. Yo estuve a punto de ir, pero otras cosas más acuciantes me lo impidieron.

La propaganda es el penalti injusto marcado al equipo contrario que nos hace ganar, nos sentimos felices por ello porque damos por supuesto que la verdad y la razón están de nuestra parte, así que no importa mucho defenderlas con las armas que a más mano encontramos, cuando el fin, decimos, es necesariamente bueno, el medio que utilicemos también lo ha de ser.

Tanto Hine como Evans son dos grandes fotógrafos y cualquier motivo es bueno para contar la verdad, y ellos, sin duda, lo intentan y en la mayoría de las ocasiones lo logran. En el cuento y en la verdad, en la unión de los dos, está el arte, el uno no vive sin la otra y viceversa, ambos se necesitan porque si van por separado sólo conseguimos penaltis injustos y propaganda, o sentimentalismo fácil y emociones kitsch, por eso gusta mucho el impresionismo.

No fui a ver la exposición, pero sí una película que seguro ya debe de haber visto usted, “Le Havre”. En ella también se retrata la pobreza y la dignidad de los que viven en ella aunque de una manera, y un estilo visual, diferente al de esos dos buenos fotógrafos.

Saludos.

Rayuela dijo...

estuve viendo las fotos y aprendiendo a tu lado...no te diste cuenta, soy de pocas palabras...

y el debate de si la belleza y bla bla bla...nunca va a acabarse...

mil besos*

Antígona dijo...

A mí me da que hay que ser un perfecto gilipollas -¡he dicho!- para afirmar, en general, que el artista debe mantener cierta distancia con respecto a aquello que pinta, esculpe o fotografía. Más gilipollas aún si lo que se pinta, esculpe, o fotografía es la injusticia, ésa que sólo cae de nuestra mano y podría ser evitada si la humanidad, de una vez por todas, se dedicara a tratar de hacer realidad tantos ideales que hipócritamente le llenan la boca. Pintar, esculpir o fotografiar a las víctimas de la injusticia y no ponerse de su lado sólo es propio de quien no tiene corazón y no hay artista que carezca de él. Ergo, quienes con juzgaron mal a tales artistas sólo lo hicieron desde su ignorancia o desde su más profunda inmoralidad.

Pero como ambos males, ignorancia e inmoralidad, proliferan más de lo deseable, no me extrañan las acusaciones que ambos artistas recibieron.

Quien tiene una conciencia aguda del mundo es, en efecto, un aguafiestas. A nadie le gusta que le quiten de delante de los ojos el velo que oculta el dramático resultado de su indiferencia o de su complicidad con el mal. Y es que, sin velos, este mundo es terriblemente feo. Tan feo como lo hemos hecho nosotros mismos. Deberíamos empezar por lavarlo sin pretender esconder debajo de la alfombra toda la porquería que arrojamos día a día sobre él.

Besos al descubierto!

Marga dijo...

Peletero, si va ya me contará. La de Odeon que también exponen me gustó mucho igualmente. Nada que ver, claro! pero como he dicho me sorprendió.
Ajá, y de acuerdo con su definición de propaganda y su contraposición si la verdad y el cuento van de la mano. Aunque no sé si "verdad", señor Peletero, hay por ahí de cada verdad que yo no alcanzo... por eso me gusta hablar de honestidad. Creo que bastaría una mirada honesta posada sobre los hechos y que lo devuelto por ella no fuera en propio beneficio cuantificable, o no sólo, de nuevo el bien común que sé que es un término trasnochado y que a mí tanto me gusta utilizar. Y disfruto del impresionismo pero he de reconocer que me molesta el kistch, sí, la facilidad que ha acabado por vencer en él cuando de sobra soy consciente de que ningún arte es fácil.
Y vi Le Havre y salí con buen rollito, jajaja. Sé que puede tratarse de una fábula y que roza lo improbable pero ya ve, me pierden los perdedores con madera de héroes y admiro a los creadores con puntos de partida tan lejanos a esos con los que nos martillean desde la actualidad, el cinismo imperante, ese “de vuelta de todo” que me parece que es la auténtica peste de nuestro siglo, contra el que lucho cada día para que no me coma.
Sí, ahora que lo menciona me doy cuenta de que está muy cerca de aquello que provocó en mí el fotográfo.

Saludos!

Rayuela, tranquila, las pocas palabras tienen su punto aunque a mí me salgan por todos lados, jeje.

Los bla, bla, bla, es lo que tienen, entretienen tanto sin necesidad de profundizar…
Un beso va.

Antígona, sí, a mí me parece que quienes juzgan así lo hacen desde la inmoralidad. Cuando lo he oído no me parecía provenir de gente precisamente ignorante. El saber también tiene su puntito perverso…

Y si ha existido un momento de velos es este nuestro. A mí siempre me han molestado pero esta vez es que lo cubren todo, más que velos parecen persianas cerradas a cal y canto, ni siquiera la más mínima rendija no vaya a ser que, de nuevo en la historia, nos salpique algo. Por eso, Antígona, dificilmente podemos lavarlo, no se puede limpiar aquella porquería que se ha decidido no ver, porque no existe. Por ahí van los tiros de la manipulación mediática y política. O no vemos o se ve sólo lo que señalan, que para el caso es lo mismo.

(Que gustirrinín “charlar” de nuevo, jeje)

Besos sin burkas forever!!

El peletero dijo...

Antígona regresa luchadora y combativa sin escatimar sustantivos ni adjetivos contundentes y de caño grueso.

Hay muchas maneras de tomar parte y de involucrarse con la realidad, una de ellas es el simple hecho de describirla con precisión. Estos fotógrafos y la película “El Havre” que comentamos son dos maneras completamente diferentes de hablar de lo mismo. Velázquez siempre pintó desde la distancia como si quisiera que su mirada no terminara desenfocada como cuando observamos las cosas demasiado de cerca.

En relación a la película del finés permítame enlazarle un muy buen artículo de un articulista de la Vanguardia, Gregorio Morán, un viejo luchador que ha perdido muchas batallas.

http://elcomentario.tv/reggio/entre-%C2%B4el-havre%C2%B4-y-%C2%B4casablanca%C2%B4-de-gregorio-moran-en-la-vanguardia/14/01/2012/

En este artículo se habla de algo muy importante, el humor, que es una manera fundamental de crear distancia inteligente para contar el mundo.

La honestidad, Marga, parece más bien ser un juicio de valor que un hecho en sí, o en todo caso una condición necesaria pero nunca suficiente. Igual que la sinceridad que en muchas ocasiones enmascara terribles y trágicos errores. El mundo está repleto de, usando el vocabulario de Antígona, gilipollas honestos y sinceros que han llenado los cementerios.

Es un acierto por su parte haber sacado a relucir esta cuestión, es un debate eterno en el que se reflejan las diferentes maneras de entender la realidad, apasionadas y nada baladís, muchos han terminado en la cárcel o muertos por no explicar las cosas como algunos creen que deben ser explicadas.

Saludos.

Antígona dijo...

Estimado Peletero, es que ando un tanto alterada en estos tiempos de cólera, ya lo sabe, y además hay cosas que me irritan profundamente.

Creo que lo que usted plantea sobre Velázquez no es incompatible con lo que dije tras mis adjetivos contundentes. Por varias razones. En primer término, porque considero –creo que al igual que usted, si no le he entendido mal- que si hay algo que sin duda puede atribuirse a un artista es el estar comprometido con su obra, compromiso que sí resulta, a mi juicio, incompatible con la distancia. Lo cual no significa que, dentro de ese compromiso, la distancia no pueda ser precisamente buscada y utilizada como recurso estético para lograr un impacto u otro en el espectador. Pero esa distancia llamémosle estilística no implica de ninguna manera una ausencia de compromiso con lo narrado, pintad o retratado fotográficamente, sino más bien todo lo contrario. En segundo lugar, habla usted de describir la realidad con precisión. Doy por sentado que la posibilidad de describir con precisión sólo se da, si cabe, dentro del ámbito de la ciencia. Fuera de ella, cualquier intento de describir la realidad con precisión se topa con un obstáculo insalvable: la propia mirada de quien pretende describir con precisión esa realidad, que es particular de cada cual y muy especialmente en el caso del artista. Es más, si en algo se diferencian los artistas del resto de los mortales, es por ser capaces de proyectar sobre la realidad una mirada que consigue devolvérnosla transfigurada en contraste con nuestra visión rutinaria y apresurada de las cosas.

Un saludo

Marga, gustirrinín, vaya que sí ;)

El peletero dijo...

Con permiso de Marga.

Tiene usted toda la razón, apreciada Antígona, no existe la mirada neutra para el artista que mata moscas a cañonazos. Pero hablábamos de la propaganda y de la injusticia, de cómo se cuenta, y de qué cosas se eligen o se descartan para ser contadas, de la necesidad de mantener o no una cierta distancia (emocional, técnica y estilística) con respecto aquello que se pinta, se fotografía o se esculpe.

Usted decía que “pintar, esculpir o fotografiar a las víctimas de la injusticia y no ponerse de su lado sólo es propio de quien no tiene corazón y no hay artista que carezca de él. Ergo, quienes con juzgaron mal a tales artistas sólo lo hicieron desde su ignorancia o desde su más profunda inmoralidad.” ¿Cómo hay que ponerse al lado de las víctimas cuando las fotografiamos o las pintamos?

Hay muchos artistas sin corazón, grandes artistas que han retratado el mundo y sus injusticias y, al mismo tiempo, gente mezquina y miserable. Se puede estar comprometido con tu obra, ser un genio del arte y matar a tus propios hijos, no tiene nada que ver una cosa con la otra.

La “bondad” de una obra de arte no se encuentra en la del artista, ni viceversa. El tema de la obra es siempre una anécdota, la excusa para hablar de algo que no es el tema, es el dedo que señala, no lo señalado.

Me uno a su gusto al que ustedes llaman gustirrinín.

Saludos.

Antígona dijo...

También con permiso de Marga, no estoy de acuerdo con usted, estimado Peletero. La moralidad humana es tan complicada que se puede ser perfectamente sensible a las injusticias del mundo y un auténtico cretino cruel y malvado con los propios allegados. No juzgo o contemplo al artista en cuanto persona –quién sea en su vida privada, y cómo sea, me importa más bien poco o nada-, sino a través de su obra. Y es en lo que se refleja en esa obra, y exclusivamente en ella, donde valoro su posición moral ante el mundo.

Por otra parte, me siento del lado de Kierkegaard en su afirmación de la superioridad del “estadio ético” de la vida frente al “estadio estético”. Una obra de arte que exaltara la injusticia del mundo me generaría una íntima repugnancia que acabaría con todo placer estético.

Un saludo

Marga dijo...

Tenéis todo mi permiso, faltaría más...

Hoy tengo un día apresurado y lamento no poder detenerme más.

Pero lo dicho, esta es vuestra cueva!

(Peletero leí el artículo y me encantó)

El peletero dijo...

No, apreciada Antígona, se puede ser un gran artista y al mismo tiempo un auténtico cretino cruel y malvado con los propios allegados. Lo que es imposible, y además no puede ser, es lo que usted afirma: “ser perfectamente sensible a las injusticias del mundo y un auténtico cretino cruel y malvado con los propios allegados”, o viceversa.

La relación entre el bien y la belleza ha dado también mucho de sí, lo dejaremos para otra ocasión, si le parece. Sólo le diré que a la ética le sucede lo mismo que a la ciencia, los enunciados son de por sí hermosos además de verdaderos.

La moralidad humana no es que sea complicada, es que está llena de excusas, disculpas, evasivas, subterfugios, coartadas y, básicamente, autoengaños.

Saludos.

Gracias, Marga.

NoSurrender dijo...

Desconozco si el autor adornó o no sus fotos. Lo cierto es que sí solía hacerse en aquellos años, pero también es cierto que ese “adorno” es comunicacional y expresa más de la realidad que la realidad misma del instante. Porque la realidad no es nunca un instante imposible de vivir. Vivimos más allá del instante y está bien que el artista nos lo recuerde, pienso.

Besos!

Magnolio dijo...

Eso de la simplicidad que dice Lewis Hine (y tú) creo que es en fotografía lo que en letras explicaban y ejercian Duras y Lispector: encontrar, sólo, las palabras precisas, para contar los adentros y fueras del ser humano.

Pero de tan interesante muestra y posterior coloquio, a mi se me queda la imagen por Recoletos: ahora aquí, luego allá, un vinito de descanso y otro por la gozada. Ains!!!

xnem dijo...

ummmmh! Mr.Hine. Mientras me leo su suculento texto, vea esto. le gustará.
http://youtu.be/oETV2qQD5Kc
salú!

xnem dijo...

¿uested conoce a esta gente? son MUY buenos!
http://youtu.be/FAAdfQgUiGM

xnem dijo...

Ya! Bueno es una de las cosas de las que va mi clase del viernes. Mucha gente conoce a Avedon pero pocos a Martin Munkásci. Y no se puede entender el trabajo de Humberto Rivas sin conocer la obra de Anatole Saderman por ejemplo.

http://youtu.be/vqtate35k1c

Marga dijo...

Peletero y Antígona, qué bien os lo habéis pasado!! jajaja. Me metería en el debate pero se me pasó el tiempo, cachis!

Nosurrender, no sé si fue "adorno", las condiciones de aquellos años eran extremas para los más pobres y la miseria no tiene más vuelta de hoja que la de su existencia. Probablemente eso es lo molesto y eso fue lo que más tarde criticaron. En el país del sueño americano pocas veces se muestran las grietas del sistema.

Si tienes tiempo te recomiendo la peli Winter´s bone, si es que no la has visto ya... imagen de una América que desconocemos. Pobreza y falta de oportunidades, y no muestra ni el Bronx ni la raza negra!

Besote!

Magnolio, ajá, esas escritoras estarían en la misma línea. Decir lo justo es bien difícil y pocos escritores lo hacen con esa maestría.
y sí, no mencioné los vinitos posteriores conversando sobre las mejores jugadas. Forma parte del paquete de "a gozar tocan" , jeje. Lo practicamos en tu próxima visita?
Abrazo, encanto mío.

Xnem, locuelo, luego miro los enlaces que aqui no puedo...
Es complicado conocer cada antecedente de cada cual... hay tantos cada cual!! pero mola irlos descubriendo.
Beso, profe.

Meternura dijo...

Buenas, Marga. Me encantan esas fotos, y te doy la razón: la pobreza no vende, no engancha, no es noticia; sólo el documento fiel y descarnado de un hombre como Lewin Hine.

Un saludo.
Meternura