martes, 11 de noviembre de 2014

No de la Habana pero vienen barcos que


Seguimos siendo gente de inclemencia.

René Char

Es probable, casi seguro, que hoy toquen a desvarío. Hay días que una se levanta con sensación de botón desabrochado y por más que intenta encajar en el ojal no hay manera, ni lo encuentra, y lo mejor en estos casos es dar rienda suelta al balbuceo sin buscar su acomodo, en remolino que salga, se pierda y encuentre cobijo. Si lo logra.

Palabras que vuelven, que van, de cabeza al horno, en rincones detenidas, memorias aletargadas y llegan dolientes, otras veces cantan, de cuero curtido, si rasparan como espinas desairadas y peces boqueando, de madrugadas insomnes y ese cajón medio abierto que es la noche de los sueños en trance, despeñaderos, o sed ante un papel, que respiran asfixiadas por la lejanía del que calla, que abren los ojos o cierran oídos, no quiero escuchar más, cállate, no hay mucho que decir, háblame, dilo otra vez, el deseo en susurros, el sonido encadenado a una piel, la hondura del eco del desprecio, del amor, la respuesta inesperada, soy pregunta, ¿y?, la verdad de las cosas – y si existiera, ahí esperando sobre ellas-, la brisa del aliento, la longitud de quien deja caer una semilla, el gesto ciego del que busca, el verso ajustado, el cavar de los sentidos, las cenizas, los duelos, la añoranza limpia...

Y parecería que, las palabras. Alimentándome -saben a- y el acomodo de su rastro cuando las dejo caer sobre otros, para que no chirríen como postigos rotos.Y sin embargo.

Aprender, toda la vida en ello.





martes, 28 de octubre de 2014

Reconquistas sí o no

Veo como las cosas van ocupando su sitio, adueñándose del espacio que les corresponde sin impaciencia pero tampoco con la cautela de un niño temeroso que observara, con cara de sí pero no, un nuevo columpio. Un territorio sin explorar necesita de un tiempo de acomodo, de saber reconocer las señales luminosas como esa pared color naranja –calabaza decía el catálogo- que colma el salón de luz y día de fiesta. O las mismas que provocan que J duerma más horas porque en nuestra habitación hemos conseguido domarlas y no hay sol homicida que te saque del sueño antes de las nueve.

No creo en la reencarnación, la necesidad de renacer tras la muerte se me escapa como imperativo vital o  esperanzador, creo que con una vida basta, no seré yo quien pida otra. Y sin  embargo sé de las distintas señas de identidad a las que me ha arrastrado el tiempo, diferentes vidas y umbrales, y esta casa ya lleva tres existencias si de mí se trata. Me sorprende la flexibilidad de su espacio, la hospitalidad improvisada: yo en familia y éramos tantos  -aunque nunca demasiados, ahora lo sé-, yo en soledad y éramos una y gatas, y ahora yo en Nosotrosdos donde el juego está en descubrir qué falta o sobra. Adaptación a rincones y rodapiés, a esta casa burbuja tan alejada en este momento de más de una existencia cochambrosa que tuve.

Qué pensaría la niña del flequillo, la primera en habitar la casa, de esta que soy, de esto que somos. Porque estoy convencida de ser quienes somos en cada momento y salvo los cimientos – que tampoco parecen tener excesiva importancia a medida que transcurre el tiempo, seamos sinceros- sólo puedo verme como funambulista en tránsito.  Pero quisiera hacerme caso, para variar, y decir en voz alta que desapareció la vida en precario ya hace unos años y que esta nueva comenzó en el momento en el que la pecera devino en océano. Que  en él seguimos coleccionando conchas, esquivando medusas, que en esta  gruta no se requieren trampas ni fondos marinos cartónpiedra para saldar con la vida porque la vida es esto que tienes ahora.


Todos los días jugueteo con su flequillo por no olvidarlo.




martes, 23 de septiembre de 2014

Y dijeron que los bisontes ya no existían

Apenas un par de días, eso es lo que nos queda para mudarnos acompañados de nuestros enseres. Y sueño con el momento en el que la inquietud, el trasiego, el frenesí de cajas y muebles sea sólo un recuerdo.

Desmañada, con una expresión un poco extraviada, lo confieso, cada tarde canturreo: ¿qué cosa es una casa?  Y me obligo a recordar que las casas tienen también su mecánica, un quehacer propio que exigirá de nuestra aplicación y estudio, conseguir un plano detallado de sus rincones y las grietas en un desplegable a todo color y a escala.

En esa escala estará el quiz y como somos conscientes a ratos nos sorprendemos mirándonos  con un ojo entrecerrado y un pulgar levantado, cada uno en un extremo del salón.  Yo hago trampas y calibro con el ojo vago, prefiero disimular, de momento J sigue siendo la medida de todas mis alturas y no tiene mucho sentido el convencerme de que una mudanza vaya a cambiar la proporción de algo.


He llegado a apreciar estas escenas de western de pacotilla que montamos sin venir a cuento, la única forma de pasar las situaciones traumáticas con un mínimo de dignidad es hacer el indio. Y en eso estamos.