domingo, 27 de enero de 2019

De tejer y mirar


Y no sé -o sí, sí sé- porque con la edad parece que muchas cosas se desvelen y a veces me aturde esta mezcla entre no saber nada y entenderlo todo, tanto me aturde que no supiera a qué atenerme – y no lo sé, de verdad- pero no quisiera la arrogancia, no al menos esa arrogancia de creerme que ya, que ya llegué y para qué el resto de la gente, mis amigos – mi amante no, ese siempre por encima de todos y de mí, incluso, tras  once años transcurridos que celebramos en un hotel de Madrid con ínfulas de picadero y vistas desde el piso 21 y qué feo es Madrid, joder,  visto desde aquí y a pesar del cariño y la costumbre hacia esta ciudad, y nos entra la risa, no sé si de la fealdad o de los años transcurridos que quién lo diría porque desgaste cero y a qué se debe esta resistencia de corredores de fondo y el amor, ah, el amor- o mi familia o la gente que me rodea sin ser la elegida y que tan poco me importa a veces pero tanto me muestra. En fin , que no sé de dónde este saber estar de rebequita que me ha surgido en los últimos tiempos, un saber estar que abriga cada día, que cuido como señora  con sofocos, este  desconcierto no sé si hormonal o vital , o todo junto, y quién es la guapa que se para a poner etiquetas, esto me vale, esto no, ahora me quedo y me planto o te saco la lengua y me quedo tan pichi o te miro, vida, frente a frente, pero no sé qué decirte después de tantas jugadas y sólo te miro,  callada. Y me abrazo a mí misma y cuando no puedo intento rodearme de calor, o de aliento, que me llegue de cualquier lugar válido, por pequeño que sea, y me canto el entusiasmo, las ganas, el mirar desde el prisma que no rompa.

 Y ser consciente de que el salvavidas sólo es el mío, que sólo yo puedo tirarlo al agua o recogerlo o inventarlo.

Tiempo de rebecas, ya lo dije.¿ Y qué?

¿Y qué?

domingo, 13 de enero de 2019

De un comienzo de año


Los años comienzan -sin más fanfarrias, y parece que fue ayer el año que se fue-  así que procuro mantener algunos rituales. Que como todos los rituales resultarán innecesarios pero los neuróticos somos así de imbéciles y si además eres una neurótica escéptica -nada de lo que hagas mejorará o empeorará el transcurso de tu existencia y eres consciente hasta el dolor de tus huesos de este hecho-, la cosa ya no tiene ningún sentido.

Pero en fin, allá vamos

Empezar el año eligiendo una película con la seguridad de que no te va a decepcionar
Este año tocó Asuntos de familia de Koroeeda. Director japo que me tiene enganchada desde que J me plantó la película de Nadie sabe en aquellos tiempos de duelo y mortaja. Lloré lo que no está no escrito con un final que como un mazazo apretó mis retinas quedándose grabado a fuego. En el cine, de ahí su valor al menos para mí, existen escenas que se fijan en la  memoria como un fogonazo, grabadas por siempre. Korodeera es el artífice de algunas de esas escenas que de vez en cuando mi mente saca a pasear. También de más de una reflexión acerca del concepto de familia, su significado y realidad, un tema que me seduce como pocos. Y todo siendo un tipo con los ojos raros y ajeno a mi cultura. De nuevo esa constatación de que los temas imprescindibles y comunes pasan por todas las coordenadas y no hay ejes. A ver quien es el listo que se lo hace ver a los berzas de las fronteras. Uf qué pereza la imposibilidad.

Los regalos de libros de J
Siempre se queja de lo rarita que soy. Siempre de su imposibilidad para acertar. Siempre acierta.
Una noche en el paraíso de Lucia Berlín. Es verdad que esta vez se lo ponen fácil, lo publican en plena campaña navideña y sabe que lo miro con ojos golositos.
Con los ojos bien abiertos. Ensayos sobre arte de Julian Barnes. Dice que lo encuentra por azar, lo creo, pero sabe que Julian Barnes es un anglosajón que me gusta. También es el primer autor con el que pruebo la lectura en el móvil -sigo huyendo de la lectura en pantallas pero cada vez con menos énfasis. Disfruto y aprecio la comodidad de la lectura en el metro, en ratos impredecibles, como apoyo al aquí te pillo y aquí te mato que no siempre pero oye, algún que otro orgasmo provoca. Ahí estamos, adaptándonos al Siglo XXI que no deja de ser el Siglo.
Pero ser consciente de esas señales que sólo me preocupan a mí ya supone un acierto. Empezamos de nuevo con buen pie.

Nora, nuestra última adquisición vital - la misma sangre, genes y apostura por mala leche y saber estar al mismo tiempo- cumple un año. Y físicamente se parece  a la señora Ángela, su bisabuela. Nace en el mismo mes y algo debería quedar.

Visito uno de mis blog preferidos en esto de la lectura https://deborahlibros.com/ . Veo que todo va viento en popa y sigue al pie del cañón. La bravura y el coraje cuando toca son de mis envidias necesarias.

No sé cómo irá el año. Pero de momento todo parece en su sitio.

Ahí vamos.



jueves, 27 de diciembre de 2018

También me sirve ser Inuit


Hay un desprecio serio de la historia en ese hacer casas para que se las coma el carajo, una voluntad de nata y bola, unas ganas definitivas de vivir así nada más, en plan de cantar y bailar en lo que los cerdos ahorran. En un mundo que mide la potencia de las culturas en columnas y ladrillos, una que alzaba casas para que se volvieran tierra bate todos los récords del desdén. Tal vez todos fuimos así alguna vez, nómadas y felices. Íbamos pasando y alguien nos encadenó a la historia, nos puso nombre, nos obligó a pagar renta y nos prohibió fumar adentro. Éramos solo la gente y un día otro nos convirtió en algo: un mexicano, un coreano, un zulú. Alguien a quien hay que categorizar rapidito para, de preferencia, exterminarlo, y si no se puede, imponerle una lengua, enseñarle gramática y ponerle zapatos para luego vendérselos cuando se acostumbre a no andar descalzo.

Ahora me rindo y eso es todo de Álvaro Enrigue. Editorial Anagrama

O la historia de los Apaches, su final, y más, también la historia de un escritor que intenta escribir, de las fronteras de Mexico o el Sur de Estados Unidos, y de una mujer a ratos. La historia de múltiples desafíos, se me ocurre.

Eres tan orgullosa como un jefe indio, me dice J de vez en cuando, cuando me pongo estupenda. No es orgullo, es dignidad, le digo. El orgullo y el amor propio parecieran intercambiables y no. Ni por asomo.

Da igual, en cualquier caso Feliz Navidad, gente. En tiempos de etiquetas y categorías rapiditas -corre corre que me desdibujo será- me gustaría no ser nada, que si pasaras por aquí y leyeras esto no fueras más que gente. O un apache -apache sí, si te dejo-si te empeñas pero poco más.

Y nos vemos en las praderas huyendo del hombre blanco.

Felices días y bravos. Salvajes si se dejaran. Gente os beso.


 

 Ilustración de Jake Parker, su proyecto Inkhole.