martes, 31 de marzo de 2015

Que la fuerza ilustrada te acompañe

... perderse, como quien se pierde en el bosque, requiere aprendizaje”.  – aseguraba Walter Benjamin.

Allá voy, a perderme, y lo haré pasando por encima de todos los Ge-pe-ese, y su tozudez por evitarlo –nos dio por acorralar los gozos más sencillos, rodeándonos de prescindibles artilugios que hacen de la obsesión virtud-. Innecesaria virtud, ya véis.

 La misma que proclaman estos días retornando intelectos y costumbres a siglos felizmente superados.

No puedo remediarlo, cada año por estas fechas elegiré mudar en caníbal mientras haya quien celebre la muerte y su particular exaltación de la tortura. Mi dedicación: comerme a bocados la vida aunque sea a pequeños mordiscos y perdida entre sendas que no conducirán a ningún lado.

Extraviada yo.

Que ustedes se desaten bien y también, es mi deseo.





lunes, 16 de marzo de 2015

Y grabarlo en el cojín, forastero

No creo en Dios pero le echo de menos.
Julian Barnes


Leo El jilguero de Donna Tartt.

Veamos, mil y pico páginas, leídas con agrado, para qué engañaros, de forma compulsiva en las primeras cien pero luego y poco a poco un runrún de advertencia, una sospecha de que el  amante que parecía tan cautivador podría acabar siendo un vulgar mercachifle que termine por venderte el mismo filtro de amor que todos esos ex-amantes descartados por cretinos sin hervir. Pero no estás segura y quisieras confiar así que sigues quedando con él aunque dando largas al revolcón porque quién sabe si el gatillazo y ya estás curtida y sin ganas como para pasar manita por el lomo a desconocidos.

Así hasta las últimas 300, un andar por la cuerda floja del sí pero no e intuyendo que el invento puede explotar entre tus manos dejándolo todo perdido de ideas maleadas, regurgitadas. Y así sucede, así termina por ser, maldita Casandra de las letras todas. En ese momento comienza a pesarte el fardo y ya puedes identificar los trucos, de feriante sin muelas y ni siquiera llegar a mago aventajado. Y el final, discursivo cómo no, es lo mejor, descubres dónde quería ir a parar la autora, apenas una frase que en ese momento refulge con brillo de neón y que consigue que tu Casandra interna te lo señale descojonándose y sin permitirte pasarlo por alto: “el destino es cruel pero nunca arbitrario”. Acabáramos, todo el peso del fardo para acabar descubriendo que en realidad has estado siguiendo la pista a Coelho.

Todo y todos para terminar leyendo el cuadro de punto de cruz de la entrada:  bienvenidos a casa, ya tardabais, hijos míos.

Tapete en blanco y de ganchillo: fin y agradecimientos.