lunes, 26 de enero de 2015

Y qué decir de los pantalones de pana




Y qué decir tiene, por fin comprar una mesilla, la suya, con siete años el reloj atrasado para al final confundir el día,  pero ¿no fue la noche? ¿en qué quedamos?. El aniversario de apetitosas horas en cualquier caso que serían como migas de pan al recordarlas.

Y seguir dejándolas caer por el camino para que nunca te pierdas, Gigantedesietesuelas, para que nunca te pierda.

Cartografía: tus manos de violinista.Y ahora no consigo recordar, no sé quién dijo "el placer es el mejor de los cumplidos". 

(Pero seguro que fue una mujer. O casi.)



miércoles, 31 de diciembre de 2014

jueves, 18 de diciembre de 2014

Lo inexplicado no es igual a inexplicable.

La última de Allen, el director de una al año y esta vez pulsa la tecla del disfrute a gogó. Hablan de divertimento y película menor pero a mí me resulta una cinta que recuerda a las comedias en blanco y negro aunque la Costa Azul aparezca más azul y pintura de cera que nunca. Malentendidos y romanticismo de aquel de antes del cinismo que vino a quedarse para siempre y hace ya tanto. Y me cuesta poco enamorarme del galán gruñón y narcisista o enamorarme de ella, rebuscadamente ingenua y todo mirada.  La magia de las imágenes y las historias.

Y ahí estará el quiz, la magia. La necesidad de creer en ella, en el misterio y la posibilidad de,  la confusión entre ilusionismo e ilusión -misma raíz y conceptos dispares-, desenmascarar al charlatán, hacer prevalecer el escepticismo y el pensamiento racional sobre el engaño y la superchería. Y sin desvelar el final, Allen deja una rendija abierta a la magia, a lo inexplicable y sin sentido, y qué mejor representarlo con eso que nombramos amor pero que nunca fuimos capaces de definir.




Al terminar la película lo comentamos, el protagonista masculino parece un trasunto de Houdini, el gran mago y escapista de principios del siglo pasado. Al igual que el personaje, Houdini  también se dedicó a desenmascarar espirististas y mediums que estafaban con facilidad a los incautos que no eran pocos (hace poco tiempo hubo un programa por televisión que se basaba en el mismo fraude. Se ve que no hemos avanzado tanto como nos gustaría creer a algunos.) Y como  el protagonista, Houdini era un tipo arrogante y ególatra, muy convencido de su superioridad intelectual, como muestran muchos de sus artículos, aunque con semejantes adversarios no dejaba de ser comprensible. Uno de estos adversarios, por extraño que parezca, fue Conan Doyle, autor de Sherlock Homes. El escritor fue un espiritista convencido y aseguraba que Houdini tenía poderes aunque el mago, como es natural, negara este hecho. En un principio amigos con el paso del tiempo su amistad y admiración mutua se fue al traste debido a las discrepancias sobre el tema. La verdad es que Doyle era un ingenuo de cuidado, cuando Agata Christie, tambien su amiga, fue dada por desaparecida durante unos días el escritor realizó pesquisas a través de una medium para localizarla. Y no tenía reparo en creer en la existencia de las hadas. La verdad es que a mí tambien me hubiera costado poco dejar de respetar a semejante pazguato, perdón, amigo, quería decir.


Todo esto me recuerda que han estrenado en la 2 un programa de divulgación científica - ¡albricias, no doy crédito!-.  Se llama Órbita Laika y no está nada mal. Requiere de algunos ajustes pero lleva sólo dos emisiones y seguro que acabarán por realizarlos. De momento es divertido y las explicaciones se ajustan a todos los públicos. No deja de ser una buena noticia, dado el nivel -inexistente- de la educación en ciencias y sus métodos en nuestro entorno. Las ventajas de un pensamiento científico, o su intento, pueden ser muchas. Aplicar rigor a nuestras reflexiones es un aprendizaje y una vez conseguido se convierte en algo mucho más sencillo el aplicarlo también al análisis de nuestras relaciones, decisiones o planteamientos vitales. No digo que vaya a ser la panacea, el ser humano es cómodo y poco consistente por naturaleza, pero parece mucho más fácil tratar con seres reflexivos y formados en la búsqueda de la coherencia -o su intento, repito, pero algo es algo- que en lo contrario. Digo yo, por decir algo, que mira que me gusta decir.