viernes, 3 de junio de 2011

Extravíos

Nos perdemos con facilidad, con ganas, con gusto, con dedicación algunas veces. Nos perdemos como quien da vuelta a la esquina, sin darse cuenta de que se abre una nueva calle ante los ojos, como quien encontró las coordenadas y decidió ignorarlas a pesar del tiempo, de la lluvia y los paraguas, de los bajos empapados y tobillos. También. Nos perdemos porque perdimos el bufido de los cachivaches atesorados en cajones con carcoma, inútiles en su permanencia, porque decidimos perder esas cosas del día a día y algunas más, las de inventarse una vida que no se parecía a las fábulas y creérsela cuando no era verdad, no lo era.












Y perdidos tomamos el metro para salir al callejón que conduce al Retiro, todo derechito el estanque y antes a la izquierda, las primeras casetas. Un lunes de lluvias malintencionadas en el que el agua queda estancada sobre los toldos, obligando a los libreros a convertirse en aguadores, mejor, así olvidan por unos minutos su condición de dependientes que sonríen si preguntas y te regalan separadores de libros, de todos los colores y tamaños, que yo luego guardo al descuido en el bote rojo, segundo estante según miras desde el sofá. Delante de los libros que en un principio -siempre hay un principio y fue ordenado- se agrupaban por Literatura castellana S.XX.




Y vamos llenando la saca: relatos de Elías Tizón, Parpadeos, que contiene un cuento sobre peces voladores que ya por sí mismo justifica la compra aunque luego mi interés se desinfle un poco, o las Nanas para dormir desperdicios de Francisca Aguirre que ojeo pasando versos a la vuelta, de nuevo en el vagón. Y dos novelas -tengo hambre de narrativa en los últimos meses- Las Primas de Aurora Venturini, una argentina de 84 años, hecho que sólo se descubrió tras abrir la plica al ganar el premio al que se había presentado y tan extraño se me hace lo que pueda significar, ¿símbolo será del retorno del prestigio al ser escritor y no retoño? ¿La mercadotecnia puede atisbar más allá? ¿Será necesario escribir y tener algo que contar, macerado y con tomillo, o seguirá bastando el ímpetu de ventas al vomitar letras y más letras? Nunca antes la juventud justificó tanto su existencia, aún cuando sea basándose en sí misma. Bucle donde los haya y por lo que parece del que nadie quiere escapar, la edad madura, incluso la mía, se ve muy ajada, pobre. Y por último La casa del mirador ciego de Herbjorg Wassmo, escritora noruega que compré llevada por el entusiasmo del joven que atendía la caseta, "es muy dura", me dijo, "una historia fuerte y desoladora pero su forma de narrar es sorprendente y no puedes evitar gozar mientras lees". Más tarde se despidió de mí con un “que la sufras gozosamente” y una enorme sonrisa. No puedo resistirme al arrebato, nunca pude.










Y mi mejor cómplice en esto de asomarse al borde de las letras golfas y lujuriosas, allí estaba.



Perder el asma de lo obligatorio, porque sí, porque hoy.




13 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Comprar ilusiones es una delicia.
Que te colmen todas.

Besos.

Rayuela dijo...

gracias
porque sí
porque hoy

besos*


be

Curiyú dijo...

Así quiero perderme y que nadie me encuentre, ni dios.

Licantropunk dijo...

Tomo nota de las recomendaciones. En cuanto a perderse, no preocuparse: mañana viene el lunes a buscarnos. Qué cabr..
Saludos.

Colombine dijo...

Perderse , sí , en calles que también son laberintos, entre las casetas con libros , entre miles de palabras impresas o dichas. También me gusta perderme.

bsss

Marga dijo...

Toro, no está mal, esa es la verdad...
Besos colmados (o eran desde el colmado, ays que lío! jajajaja)

Rayuela, de nada, para eso estamos... porque sí.
Un besote.

Cariyú, es que perderse es un ejercicio muy sano e imprescindible de vez en cuando. Ea... a perderse!

Licantropunk, no seas malaje, lunes y además gris... maldición!

Colombine, si es que somos una panda de perdidos, no tenemos remeido, jeje.
Beso que te va.

Tomás Serrano dijo...

Curioso lo de la anciana...

Antígona dijo...

Qué bien eso de extraviarse, niña Marga, y más un lunes sombrío y lluvioso, por lo general bien delimitado, penosamente trazado de antemano en la dirección mecánica e impuesta de su trayecto frente a la anarquía del fin de semana. Pero supongo que también en parte nos gusta perdernos para volver a encontrarnos, aunque eso que encontremos no sea sino esta vereda caótica llena de un par de certezas provisionales e infinidad de incertidumbres.

Me gusta, me encanta, ¡me entusiasma!, eso de que la autora ganadora del premio literario tenga tantos años a sus espaldas. Cuando este mundo mostrenco dice que a esa edad sólo se es un viejo anciano inútil y decrépito, llega ella y le da un sartenazo en las narices con su novela y su galardón. ¡Pues que le den al mundo! Que ya lo hablábamos hace no mucho, cuanto más decrépita la carne, más maduro, si se tercia, el espíritu y más lleno de cosas que ofrecer y brindar. Para que luego nos entre la crisis de los cuarenta, o nos digamos eso de caray, ya he cumplido los cuarenta y aún no he hecho nada… pues mira la de años que nos quedan por delante para hacer y deshacer. Espero en cualquier caso que la novela esté a la altura de tus expectativas, y ahora mismo también de las mías, porque no sabes la curiosidad que me ha entrado por ella.

A mí también me va eso de sufrir gozosamente con la literatura, o con el cine. Todavía me siguen recordando con sorna aquella escena de Annie Hall donde Annie le dice a Woody Allen, a la hora de repartirse sus pertenencias al separarse, que todos los libros en cuyo título aparece la palabra “muerte” son los suyos. Pero qué quieres que te diga, supongo que pienso –aunque no siempre sea cierto- que cuanto más dura la peli o el libro, es porque más trata de hurgar en esos entresijos del alma que no todo el mundo se atreve siquiera a mirar o a reconocer su existencia pese a hallarse en todos y cada uno de nosotros.

Que tu saca llena te depare muchas horas de disfrute y gozoso sufrimiento :)

Besos sin asma!

DaliaNegra dijo...

Un paseo delicioso el que hemos dado agarrados a tus ¿patitas? ¿manos? ¿alas?;)querida lagartija.
Eso de la escritora argentina me ha llenado de esperanza,¿será que es verdad que algo nuevo se insinúa?porque un brote original y verde de ochenta y pico es un golpe a la asquerosa literatura transgénica que nos invade,y si algo nuevo se insinúa,eso seguramente reclama otro tipo de lecturas,y como no creo en el desinterés del mercado, supongo que habrán visto el reclamo...y a complacerlo.Algo es algo,dijo no sé quien.
Ojalá esa historia te haya gustado tanto como al que te la recomendó, pero aunque así no fuera,es importante.
Uy, hoy te he pegado un discurso, lleno además de interrogantes.
Gracias por el paseo y los hallazgos,besos soplados***

Marga dijo...

Tomás, sí que lo es, al menos a mí también me pareció. De todas formas no se trata de su primer libro pero si no hubo trampa se supone que nadie era consciente de su autoría y sí de la obra presentada. Eso espero.

Antígona, sí que estuvo genial, los lunes son tan así, tan lunes, que fue una gozada saltárselo a la torera y olé! jeje.
Y he de confesar que leí el primer capítulo de "Las primas" sin poder esperar a "su turno", siempre acabo haciéndome trampas, qué cruz... jajaja, y si el resto es igual creo que mis expectativas se veran cubiertas. También es un libro duro que habla de seres disfuncionales (los que la medicina considera como tal) y de aquellos que les rodean que no lo son menos aun sin estar diagnosticados... es un tema que me interesa por cercanía y me pareció bien narrado, acertado que la protagonista utilice su lenguaje de la forma que lo hace... Curioso y como te digo creo que va a merecer la pena. Extraño el libro por partida doble: por su autora y por su protagonista. No sólo se aparta a los viejos, también a los disfuncionales que qué narices será eso, me pregunto.

Así que ahí ando con la saca y el sufrimiento, disfrutando no sabes cuanto, jajaja.

Besos sin aerosoles!

Dalia, literatura transgénica!! jajajaja qué buena definición, le va que ni pintado a este momento editorial.
Y cuando termine la novela ya contaré si se trata de otra reclamo o resulta que no, que no quedó más remedio que publicarla porque de vez en cuando surgen brotes, naturales y fresquitos, en esto de las letras.
Me gustan tus discursos y tus interrogantes, ya sabes, jeje.
Besos van , Soplillo!!

Carmela dijo...

Aunque tarde me pasee por tu lunes, cargadito de buenas ideas.

Y que no te desaparezca nunca guiarte pr el arrebato. De vez en cuando, hace falta y si me apuras, más de las veces que nos dejamos arrebatar.
Besazo arrebatado

NoSurrender dijo...

Mi librería es un caos imposible. También tuve intención de ordenarlos, pero por algún fenómeno paranormal, sólo conservo el orden de la estantería de libros sobre la República y la zona de sociología y diccionarios.

Este año no he ido a mojarme a la Feria del Libro. Siempre hay motivos, sí: tengo curiosidad por la última novela de Gopegui, me hubiera gustado ver a Panero, ampliar mi colección de bolsillo de Anagrama, preguntar de nuevo por un libro que se llama La sombra de Heidegger, imposible de encontrar, que fue editado en Buenos Aires hace diez años... pero, joé, qué pereza me daba. Quizás me estoy haciendo mayor.

Besos!

Marga dijo...

Carmela, sí, es que al arrebato da tanto gustito... jajaja.
Por eso procuro no olvidarlo y dejarme llevar por él.
Arrabatados van besos.

Nosurrender, me temo que de buenas intenciones está lleno todo, hasta las estanterías... jajaja. Me consuelo diciéndome que el espacio al principio es apto para el orden luego es ya imposible...
La verdad es que lo de la Feria del Libro es más tradición que otra cosa, el descuento no es tan significativo y sólo encuentras novedades la mayor parte de las veces. Para comprar y rebuscar mejor las librerías... pero eso, saltarme el trabajo e ir es una tradición que me gustaría no perder. Existen buenas costumbres que lo son de verdad... jeje.
Besote va!