viernes, 17 de junio de 2011

Desarreglos

Termino Las primas, la historia de cuatro mujeres disfuncionales: la narradora sufre de afasia, su hermana es paralítica y de sus dos primas: una enana y otra retrasada. Los hombres son una amenaza, el arte una forma de escapar y liberar el interior y la familia un pozo de mezquindad, secretos, tragedias y el transcurrir de lo cotidiano… como cualquier otra familia.




Yuna nos lo cuenta, limitada en su capacidad de expresión. Utiliza el diccionario para conseguir narrar sus vivencias y cada dos palabras necesita descansar porque aparece en ella el vértigo de la imposibilidad para salir de la debilidad mental y expresiva. Su lenguaje se va perfeccionando a medida que avanzan las páginas, su edad y el entendimiento de lo que le rodea, pero nunca deja de ser una escritura extraña y ajena a la normalidad. Aún así no cuesta nada adentrarse en ella y disfrutar con cada uno de los escollos que se le presentan, con una escritura caótica y sin embargo, con la sencillez con la que va conformando y mostrándonos su mundo. Será que me gustan las prosas sin domesticar y esta lo es. Hacía tiempo que no disfrutaba así con el lenguaje creado y su correspondencia con la historia contada.



Y será que me resultan familiares sus imposibilidades, que hace mucho que llegué a la conclusión de que disfuncionales somos todos, que quienes me rodean me provocan en mayor o menor medida extrañeza -yo misma me la provoco en ocasiones- que los límites existen y sólo unos se ven por encima de otros, los más evidentes y son precisamente los señalados, pero que al igual que existen van y son universales. Que está por llegar quien no me parezca limitado y dude que llegue, que las destrezas también, que tú menos o más pero nunca igual a mí y eso ya es desconcertante.



Que si nos dejaran elegir el término correcto sería peculiar, porque permite aunar dos características paradójicas: genérico y particular. Porque lo general es cada cual con su peculiaridad.








Y que incapacitados sólo me han resultado siempre aquellos que a toda costa intentaron encajar en lo que nunca pude entender, por contradictorio e inaprensible: la normalidad.





9 comentarios:

Curiyú dijo...

Yo empiezo a tener una visión diferente. Creo que nace a partir de la relación con los niños. Creo que retrocedemos, nos vamos volviendo disfuncionales. Creo que a partir del nacimiento, sólo perdemos capacidades. Venimos del origen, lo perdemos de vista.
Yuna es quién lo escribió? Por tu análisis, me parece muy atrapante.
Un abrazo.

TORO SALVAJE dijo...

Claro que somos disfuncionales.
Y cada día que pasa un poco más.
Aceptarlo es el primer paso para no estrellarse cualquier día.
Tomo nota del libro.

Besos.

Rayuela dijo...

y me quedo pensando con tu opinión...

quién escribió Las primas?

beso*

Carmela dijo...

"Una escritura extraña y ajena a la normalidad"...pués debe ser una maravilla Marga, que me apunto. Yo creo que la normalidad es únicamente la aspiración de los que pasan desapercibidos por este mundo. La verdadera vida es hermosamente caótica.
Un besazo!!

emmagunst dijo...

Interesante reseña. Debería leerlo también.

No soy normal, no soy atípica, no soy...

Licantropunk dijo...

Apunto la recomendación. Lo raro nos atrae, más cuanto más raro se siente uno mismo. Normalidad, mediocridad.
Saludos.

Marga dijo...

Cariyú, no sé, nunca lo había pensado así pero no deja de ser una teoría curiosa... quién sabe?
Y sí, Yuna es la narradora y como decía lo hace de una forma muy particular...
Un beso!

Toro, ajá, tal cual! Mejor tenerlo presente cada día... Además eso de funcional suena tan feo, verdad? jajaja.
Besos turulatos!

Rayuela, la autora es Aurora Venturini, una compatriota tuya, por qué tú eres de Argentina, no? la autora de ochenta y tantos años que comenté en el post anterior...
Prueba, creo que no te defraudará.
Abrazo.

Carmela, la vida es tan pero tan extraña la muy puñetera... jajajaja.
Besos caóticos al cuadrado!

Emmagunts, te digo lo que a Rayuela, prueba y ya me cuentas...

Y sí, nadie es... jeje. un beso.

Licantropunk, no sólo me refiero el hecho de sentirse raro sino al hecho de serlo per sé, no te parecen raros todos los que no son tú? jajajaja.
La mediocridad puede ser peligrosa pero es difícil esquivarla, no crees?
Saludos mañaneros.

Antígona dijo...

Ya te dije lo mucho que me atraía ese libro sólo por la edad de la autora, pero ahora, después de leer este nuevo post, ¡tengo que pasarme por una librería ya!

Osada, muy osada, la idea de poner como narradora a una afásica y plantearse recrear cómo se escribiría, diccionario en mano, desde esa dificultad para el lenguaje, cómo se iría evolucionando desde la voluntad de enfrentarla.

Yo también, con el paso de los años, he llegado a la convicción de que todos somos disfuncionales. Pero aún recuerdo etapas de mi vida en que no dejaba de preguntarme, llena de un cierto estupor y amargura, por qué los demás eran tan normales y yo un bicho raro disfuncional y plagado de contradicciones. En que me sorprendía a cada dos por tres preguntándome que por qué no podía ser yo un poco más normal, como los otros, como los demás. En que valoraba y echaba de menos en mí esa entelequia llamada normalidad que siempre proyectaba sobre los otros. Descubrir que, bajo el velo de las apariencias, en realidad nadie es normal fue una auténtica liberación. Pero supongo que hay momentos en que hasta envidiamos las anormalidades de los otros, como si las nuestras, quizá por haber de convivir con ellas, o sencillamente por conocerlas tan bien desde dentro, fueran más raras e intranquilizadoras que las del resto. Y entonces hay que recordarse que cada cual con lo suyo y mejor no sobrevalorar lo que no se conoce.

Es cierto, lo general es cada cual con su peculiaridad. Y si aún así, logramos entendernos, echemos las campanas al vuelo. Este mundo sería demasiado aburrido sin esas peculiaridades que nos definen. Y sin esas rarezas que a veces nos aturden, dentro de nosotros mismos o en los otros.

Besos sin normas!

Marga dijo...

Antígona, te gustará, creo... en cualquier caso se lee con facilidad y curiosidad. Algo es algo si te falla lo demás, jeje.

Y sí, entiendo lo que dices, sentirse normal me parece algo más bien raro, jajaja. Yo me sentí siempre extraña sólo que no me preocupaba en exceso, en el fondo siempre estuve rodeada de gente que tampoco lo era mucho. Pero la normalidad si que dejó de ser algo a valorar en el momento que nació mi sobrino con retraso madurativo, hermano a su vez de otro considerado un niño de altas capacidades... imaginas? aunque sea difícil hacerlo... pero lo mejor del caso es que acabas descubriendo que eso de la disfuncionalidad es un concepto ajeno a las personas con nombres y apellidos y sobre todo algo absurdo dentro del mundo real: tantos problemas han tenido sus padres para encajar a uno como para encajar al otro en el mundo escolar. Eso si que es un sin sentido y no el proceso mental de los dos...

Asi que salvo por lo que reflejan los demás en sus prejuicios resulta que cada persona es cada persona y ya nadie me convencerá de lo contrario. Los límites de A. con retraso, no son muy distintos a los míos en otras cuestiones, ni siquiera a los de su hermano... basta el día a día para desmitificar todo, amiga mía.

Un besote!!!