Dos días haciendo la fotosíntesis, tras cuatro semanas de lluvia, sale el sol y la luz, nítida, marca el contorno de cada volumen. La vida sólida y perfilada.
Todo apuntes y, en contraste, sin perfilar nada en el día a
día.
Gato y Gata cambian el pelo. Todo son pelusas por la casa,
una película del oeste si no fuera por mi toc, aspiradora en ristre. La
primavera llega y con ella los cambios y ellos huyen ante lo que debe ser un
estruendo en sus gatunas existencias. Cambios que se repiten año tras año, tris
tras ni lo ves ni lo verás, aquel juego infantil que es de mis primeros
recuerdos, de qué sima de la memoria inventada retornarán. Desde mi ventana en
mi nuevo trabajo -todo son ventanas en él, ventanas donde aprender y ni una toxicidad
que combatir, por fin, rapaza mía- veo el verdecer de un chopo y cada día
espero una especie de pájaro nuevo. Aún no han llegado, pero lo harán, dice
Jorge. Con esa esperanza comienzo cada nuevo día laboral. Y no es poco. He
vuelto a respirar, mirar, tantear, actuar y no hacer daño. No compensar tus
carencias vitales en el otro, no pisar por no alcanzar. Hay una forma de estar
en el mundo que no es la válida, hay otras muchas que sí, sólo hay que
cuidarlas. Y elegirlas. El cuidado, esa es siempre la respuesta. Pasar por el
mundo dejando huella y cada vez más convencida de que debe ser lo contrario, no
dejes huella, no pises ni aunque sea con delicadeza. Qué absurdo pensarte
alguien.
O allá tú.
El cansancio mental, visual, físico, leer poco o nada. Pero
echarlo de menos, eso es lo peor. Soy una lectora compulsiva que ha dejado de
leer, o de leer tanto. Y la lectura se ha convertido en un hueco. ¿otro más? A veces
da miedo. Otras ni siquiera lo pienso, puro cansancio.
Pero mientras leo -menos, ya lo dijimos- leo bien y
perfecto, o eso creo. Habitada de Cristina Sánchez Andrade, desde aquella magia,
y asombro, de Bueyes y rosas dormían, que pasó desapercibida para tantos -ays,
los grupos editoriales de este país triste y más mercantil que lector- no pierdo
comba de sus publicaciones. Irregulares sus libros, como los hechos de cada
cual, a ver quién es el guapo que todo perfecto o siquiera el asomo- disfruto
con sus minúsculas y desarraigo rural, “ahí va la loca, soñando”. Demonios de
dentro y de fuera. Demonios y más demonios, qué sería una vida sin ellos.
En el capítulo de poesía sigo con Basho y no saber si las
traducciones son las que son o correctas. Qué más dará, en algunos de sus
poemas me paro un buen rato y respiro al pensar, esa es la sensación. Y no
cuento sílabas. Los haikús son Jorge o viceversa. A veces un hilo encadena los
versos a la vida y ni siquiera se da cuenta.
Y en el mundo todo es violencia. Y da miedo y desconcierto y se para en seco el corazón. Y la mente, un amasijo. No deseo hablar con el mundo. Mucho menos escucharlo.
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